¿Feíto, qué no?

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La ciudad la hacemos entre todos y la debemos cuidar entre todos, pero esa perspectiva se diluye cuando es notorio que la conducta ciudadana agrede, invade y deteriora el espacio público.

A las deficiencias en el control, el cuidado o el mantenimiento se le añade siempre la desidia, el desinterés y en definitiva la falta de respeto entre quienes usamos y compartimos espacios.

Arriba, Mítre, entre Santiago del Estero y General Güemes. Abajo, Zuviría al 500.

Nos estamos acostumbrando a tolerar las pequeñas transgresiones urbanas, que después crecen, se naturalizan y algunas se convierten en derechos adquiridos; otras simplemente exponen una parte de nuestra idiosincrasia.

Arriba, 20 de Febrero y España. A la derecha y abajo, Plaza 9 de Julio.

Nos caracterizamos por un fuerte apego a las tradiciones, por el trato cordial y amable con el visitante, por haber ofrecido una generación de poetas y cantores que marcó una época, por el fervor religioso, pero también por un especial desapego al mínimo esperable en normas de urbanidad básica, como la contribución natural y lógica de todos los individuos a la limpieza y la higiene pública.

Un recorrido por el micro centro de la ciudad es como una muestra de esa actitud colectiva de desprecio mutuo, con el extremo, que por cierto no es exclusividad de esta urbe, de gente que duerme en las calles, sin que nadie atine a un gesto de interés o solidario.

Izquierda, Alvarado y Buenos Aires, 10 AM del 20 de Junio. Derecha, Córdoba y Urquiza, mismo día.

Es obvio que hay excepciones. No se trata de ir hacia una visión absolutamente negativa de estos aspectos de la vida de la ciudad, pero la costumbre genera desprecio y no tenemos por qué admitir que siempre será de ese modo. Todos podemos hacer algo para cambiar. ¿Qué no? Ah!?

 

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